lunes, 18 de noviembre de 2019

ESPERANZA Y CONOCIMIENTO




En el libro de Richard Rorty titulado ¿Esperanza o conocimiento? se plantean numerosas cuestiones sobre el pragmatismo filosófico. 
Es cierto que en el lenguaje cotidiano se puede pensar que el pragmatismo es, en realidad, expresión de realismo, aunque ambas corrientes filosóficas sean diferenciables claramente.
La búsqueda de la eficacia o del interés es algo positivo en sí mismo y desde la perspectiva pragmatista es lo fundamental. Parece que se relativiza el valor de la verdad o de una moral universalista si se sigue la senda del pragmatismo. Esto lo señala Rorty y está de acuerdo con ello. Escribe Rorty que es necesario «crear  nuevos modos de ser  y una nueva tierra para que la habiten sus nuevos humanos».  Parece que ya desde el siglo XX y también actualmente en el XXI el cambio civilizatorio, social y cultural es tan acelerado que están surgiendo nuevas maneras de entender la realidad y el mundo.
El valor del contexto social y de las diversas mentalidades existentes parece que están condicionando o determinando los valores en los que se mueve la gente. El pasado, tal vez, está perdiendo prestigio y solidez en relación con las nuevas generaciones o con una parte de las mismas para ser más exacto.
La cuestión de la verdad en el conocimiento cada vez es puesta más en cuestión, ya que se piensa en el contexto de justificación social de cara a su interpretación y validación general. Se comprende que Rorty escriba que «Algunos, como Peirce, James  y Putnam han dicho que  podemos retener un sentido absoluto de “verdadero” identificándolo con la “justificación en la situación ideal”.
También se puede pensar que la asertibilidad garantizada que propone Dewey es el fundamento de lo que se entiende por verdad desde el campo de la filosofía, al menos tal como lo considera este filósofo norteamericano.
Pensar que como sostiene Rorty que la verdad depende del proceso de justificación de las creencias ante una audiencia es muy peligroso. Porque la razón en sí y las verdades objetivables no pueden depender de los intereses o de los estilos vitales de las personas.
Lo que sí es beneficioso es la contrastación y discusión acerca de creencias e ideas, pero con argumentaciones sólidas. No cabe duda de que la intersubjetividad y la fuerza de las normas sociales influye en los sujetos, pero la lógica y la argumentación coherente son primordiales y no se deben obviar.
Por ejemplo, el mismo Richard Rorty piensa que tiene sentido esperar que se forme una comunidad mundial en el siglo XXII. Lo que parece imposible para muchos pensadores, pero, en realidad, lo ignoramos. El futuro es impredecible, ya que intervienen infinidad de variables que no podemos conocer en su totalidad.
Nosotros aunque descendemos de los reptiles vivimos con mucha mayor libertad y variedad, algo reconocido por el mismo Darwin. Rorty considera que «Los pragmatistas pensamos que el progreso moral es como coser una manta elaborada y polícroma, más que tener una visión más clara de algo verdadero y profundo». Discrepo, porque no es incompatible lo verdadero con unas actitudes éticas racionales pero hasta cierto punto flexibles en función de las circunstancias vitales y sociales existentes.
La ética  es propia de la razón o de la racionalidad como pensaba Kant. Entiendo que para los pragmatistas sea más concorde con sus planteamientos el emotivismo moral de Hume que el rigorismo formal de la moral kantiana. El sentimiento es más flexible que el deber por el deber, y encaja mejor con el utilitarismo del filósofo escocés.
Una ética o filosofía del sentido común no puede dejar de lado la razón para la realización de los deseos de los hombres a costa de cualquier cosa. Es preciso un cierto nivel de prudencia para buscar la felicidad y el bienestar tanto individual como social.
Los valores éticos son un claro ejemplo de que la solidaridad, la justicia, la bondad, la empatía y la compasión no son la expresión de un pragmatismo individual, pero son absolutamente imprescindibles en el mundo en el que vivimos asolado por grandes injusticias de todo tipo.
La violencia, la agresividad y los odios son la manifestación de la intolerancia que, por desgracia, está presente en bastantes países del mundo. Las éticas universalistas basadas en la razón son un dique de contención contra el fanatismo y la injusticia en nuestro planeta y esto no debe ser olvidado nunca por nadie.



jueves, 14 de noviembre de 2019

INTELIGENCIA Y AMBIENTE




Ciertamente, la inteligencia es la capacidad para procesar información. En la teoría de las inteligencias múltiples del profesor Howard  Gardner ya quedan configurados los ocho tipos de inteligencia que pueden reconocerse en las personas.
Por supuesto, se pueden elaborar otras clasificaciones más detalladas o más amplias. En cualquier caso, la inteligencia lingüística y la lógico-matemática son las fundamentales en la comprensión del funcionamiento  de las mentes o de los intelectos humanos.
Con un mayor desarrollo del lenguaje y del entendimiento de cuestiones complejas o muy complicadas es evidente que esto mismo tiene como resultado que  el nivel de inteligencia es también más alto. Se puede pensar que el origen genético de la inteligencia es de un 50% aproximadamente, según los expertos, y que, por tanto, el ambiente influye también alrededor de un 50%.  Por supuesto, esto pone de manifiesto que tanto la herencia como el ambiente son claves en la inteligencia.
Lo que está comprobado es que el enriquecimiento cultural y estimular aumenta considerablemente la capacidad intelectual. Se han realizado experiencias y seguimiento de niños en su proceso de formación en Estados Unidos y en otros países y los resultados son claros y contundentes. El cociente intelectual aumentó significativamente.
En este sentido, el conductista Watson llegó a decir que si se encargara de la educación de un niño tomado al azar de un grupo de doce, sin ninguna duda, sería capaz de formarlo para que llegara a ser doctor o médico, abogado, artista, comerciante, etcétera.
El ambiente para varias escuelas psicológicas tiene un peso decisivo en el desarrollo psíquico.  La psicología cognitiva y también la evolutiva saben que es así. Se puede entender la inteligencia como un conjunto de habilidades  que resuelven distintos tipos de problemas.
Los talentos de las personas pueden ser variados y los estilos intelectuales también lo son. Como también señala Isabel Infante aunque es imprescindible la inteligencia también lo es la perseverancia y la tenacidad, algo propio de los científicos, filósofos, eruditos, escritores, inventores y artistas. Por supuesto, la admiración ante lo que nos rodea y el deseo de saber siguen presentes en los seres humanos desde antes  de  los tiempos de Aristóteles.
Los que sostienen las tesis ambientalistas de la inteligencia se dan cuenta del inmenso potencial que existe en el desarrollo o aumento de la inteligencia en sus distintos tipos o formas.
Está demostrado que la abundancia o riqueza de contenidos culturales puestos a disposición de los niños favorece su desarrollo intelectual en gran medida. En clases sociales desfavorecidas se ha comprobado que aparecen mayores dificultades en los procesos de abstracción y en el paso de lo concreto a lo abstracto.
En todo caso, lo que es indudable es que con la lectura y la escritura y también con los juegos y con otras actividades de aprendizaje se potencia la inteligencia. Al final, la clave es la constancia. Un experto en algún saber, disciplina, técnica o arte lo suele conseguir con unas 10.000 horas de formación. Los talentos se desarrollan con muchas horas de práctica  o de trabajo y esfuerzo.  Esto es aplicable también a otros ámbitos.
Por ejemplo, la adquisición de un mayor o más amplio dominio del lenguaje escrito y hablado se logra con la lectura. Al escribir se piensa y se desarrollan habilidades creativas, analíticas y  de combinación que son muy útiles desde una  perspectiva intelectual.
La formación se basa también en la experiencia. La cantidad  de horas empleadas en labores de formación y lectura  o de creación aumentan la inteligencia y la sensibilidad asociada a la misma. Amplifican el intelecto y lo dotan de una finura extraordinaria.
Otra cuestión diferente es la valoración que se da a la inteligencia y la sensibilidad en la sociedad digital y de la imagen en la que vivimos, en la que lo efímero, exagerado, espectacular, extravagante, llamativo y superficial es lo que tiene éxito comercial. En definitiva, lo que simplemente estimula los sentidos sin más. Sin pensar.
Es preciso decir que lo profundo tiene un gran valor. Y que se pueden desarrollar los  talentos de las personas.  Y que el talento es inteligencia, sin ninguna duda.  Debe ser más valorada y reconocida la expresión del talento en nuestra sociedad. O la sociedad seguirá, en parte, instalada en la diversión por la diversión, sin más. Y el talento también es divertido,  ya que se es libre, crítico y autónomo creando contenidos culturales.