viernes, 28 de septiembre de 2018

PENSIONES GANADAS A PULSO



No cabe duda de que las manifestaciones de los jubilados son la expresión de una problemática real. El miedo a quedarse sin pensión o a que no suba cada año según el IPC.
Lo que no se puede pretender es que las personas que llegan a la edad de jubilación tengan que vivir de planes de pensión privados. Por supuesto, los que quieran y puedan están en su derecho de hacerlo, pero millones de ciudadanos no pueden por razones económicas muy poderosas. 
La Seguridad Social es una garantía de bienestar y es pública. El acuerdo logrado para mantener el poder adquisitivo de los mayores por los grupos parlamentarios es la plasmación de un cambio impulsado en parte por la presión social de la ciudadanía que está preocupada por el futuro de las jubilaciones. Al menos un porcentaje considerable de la misma.
Existen unos derechos que no pueden ser borrados o anulados por motivos económicos o porque sea necesario resolver un agujero de casi 20.000 millones de euros de la Seguridad Social.
Si con las cotizaciones no es suficiente para garantizar el pago de las pensiones después de que pasen diez años habrá que tomar medidas. Y son posibles y sencillas. La solución obvia y que ya aplican varios países europeos es subir un dos o tres por ciento los impuestos, aproximadamente, a los que perciben más ingresos anualmente en su declaración de la renta.
Se puede argumentar que no debe haber un esfuerzo intergeneracional desde una perspectiva puramente egoísta e insolidaria, pero no es el planteamiento ético correcto y apropiado desde mi análisis y el de otros. Todos llegaremos a ser viejos o mayores y a todos nos parecerá bien recibir una pensión que nos permita vivir con dignidad y suficiencia ese periodo de la vida. Está reconocido en nuestra Constitución española.
Por cierto, aunque el pacto por la revalorización de las pensiones sea un acuerdo de mínimos  me parece que habría que ir precisando más sus puntos o su contenido para no permanecer en la ambigüedad y en la diversa interpretación de sus aspectos fundamentales por los partidos políticos. Lo que es evidente es la necesidad de poner negro sobre blanco la forma exacta en que se va a realizar esa revalorización para garantizar el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas. Lo demás es secundario, en principio. Habría que consensuar criterios compartidos.
El derecho a percibir pensiones es clave por una cuestión de justicia bien entendida.  Hace, por ejemplo, doscientos años no había jubilaciones y las personas tenían que ahorrar para la vejez, si es que llegaban a la misma. Era una situación incoherente a todas luces, por motivos fácilmente entendibles. No todos podían ahorrar y otros acumulaban poco dinero para la parte última de su existencia. Lo que daba lugar a situaciones tremendas.
Un gran filósofo alemán como Kant que murió en el año 1804 ahorró para su vejez de un modo muy prudente, pero era profesor de Universidad y se lo podía permitir, pero otra mucha gente de su tiempo no podía hacerlo. Posteriormente en el último tercio del siglo XIX y en el siglo XX se fue universalizando la prestación de jubilación en el mundo.
Uno de los impulsores fue el canciller Bismarck en Alemania en el año 1889, ya que creó un sistema de pensiones público que fue el modelo principal que siguieron otros países. Aunque es cierto que la esperanza de vida era de 35 años para los ciudadanos alemanes y de 38 para las alemanas y la edad de jubilación era a los 70 años. Por tanto, llegaban a percibir las pensiones las clases altas  sobre todo a finales del siglo XIX.
Actualmente las cosas han cambiado enormemente, pero también la sociedad del conocimiento y la era digital en la que estamos hace que la producción de bienes o de riqueza sea muchísimo mayor en pleno siglo XXI.
En consecuencia, aunque la esperanza de vida y la longevidad hayan subido mucho esto no es algo que impida la resolución de la financiación y la sostenibilidad del sistema de pensiones de España, ni de ningún país desarrollado.
Se trata de aplicar una subida de impuestos moderada a las empresas y ciudadanos que por sus elevados ingresos  puedan colaborar para sumar más fondos a los ya existentes a través de las cotizaciones. Y si con esto no es suficiente se podría hacer una muy pequeña subida de impuestos a otros sectores de la población. La solidaridad es un valor ético esencial y crucial.

PENSIONES GANADAS A PULSO

PENSIONES GANADAS A PULSO

martes, 25 de septiembre de 2018

MÁS MEDIDAS CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO




Que en un par de días haya cuatro asesinatos por violencia machista indica que se debe proteger más a las mujeres y a los menores. Cuarenta muertos por violencia de género en lo que va de 2018 es una cifra aterradora.
Ante una denuncia por maltrato o violencia se debería actuar sin contemplaciones y dar protección a la  persona afectada. Y, si es necesario, ofrecer toda la ayuda precisa de psicólogos para que, por miedo o temor, las víctimas  no dejen de declarar la verdad acerca  de lo que están pasando.
De este modo, se garantizaría una más eficaz protección para evitar esta sangría continua de vidas humanas inocentes.  Mayor cantidad de pulseras electrónicas de aviso y de móviles con sistemas de auxilio o botón de pánico y otra serie de medidas similares ante una denuncia que responda  a la realidad sería lo adecuado. Me parece que bajaría el número de mujeres y menores asesinados con armas blancas o de fuego.
Por lo que se observa, a pesar de las campañas televisivas de lucha contra la violencia y el maltrato, está claro que los violentos siguen siéndolo y haciendo de las suyas.
Igual sería positivo que aumentara el número de policías o de Guardias Civiles que se dedicaran a la tarea de evitar la violencia contra las mujeres, si esto fuera posible. En cualquier caso, existe la posibilidad abierta de incrementar mucho las medidas de control y de protección ante la petición argumentada y razonada de mujeres que han sido maltratadas, por ejemplo, tras un divorcio o ruptura de relación sentimental. Porque suele ser una de las situaciones o procesos desencadenantes de las conductas violentas contra la integridad de las personas. No se pueden consentir las amenazas de ningún tipo y tampoco las agresiones físicas o verbales. Son actos denunciables ante las fuerzas de seguridad o la justicia.
Parece ser que  las órdenes de alejamiento o medidas similares pueden ser efectivas en muchos casos, pero pueden ser complementadas con otros procedimientos de vigilancia o protección  más sofisticados.
Igual antes de casarse puede ser adecuado que los contrayentes realizaran un test de personalidad o una prueba psicotécnica que detecte actitudes violentas o un machismo que puede conducir a agresiones  en el futuro de la vida de la pareja. Puede parecer muy exagerado y descabellado, pero igual se evitaban asesinatos machistas.
También es cierto que en la educación se está insistiendo en el respeto a todos y en los valores éticos de la paz, la tolerancia y la bondad, pero parece que no da mucho resultado en un cierto número de personas. Y las mujeres parece que están indefensas ante maridos o parejas violentas. No es así, porque la ley las ampara, pero para las que mueren asesinadas es evidente que la protección no ha sido suficiente. 
Indudablemente, la seguridad absoluta no es posible, pero se pueden poner más medios humanos y mayor cantidad de dispositivos electrónicos que avisen para que haya más protección y la policía pueda reaccionar antes para evitar asesinatos de mujeres o niños.
Considero que una de las claves para proteger más a las mujeres que lo necesiten es que ante el primer indicio o prueba clara de violencia, maltrato o abuso actuar de inmediato y apoyar psicológicamente a las víctimas. Se pueden crear protocolos de actuación renovados y que sean más eficaces que los actualmente existentes.
Existe también el ensayo y error. Por un exceso de seguridad o de medidas de protección no se producen consecuencias desastrosas o muy negativas. En cambio, sin medidas o tardías e insuficientes, el resultado puede ser irremediable, por desgracia. Y esto sin culpabilizar a nadie, pero creo que es la realidad.
Puedo pensar y creer que se hace lo que se puede, pero es necesario hacer mucho más para proteger  a las mujeres que lo precisan y son, quizás, muchas más de lo que parece, porque por miedo no se denuncia en numerosas  situaciones.
También la sociedad debe colaborar más para denunciar  a los violentos, si observa su conducta agresiva. Está muy bien lamentar los asesinatos de mujeres, pero se necesitan nuevas medidas normativas y policiales. También los voluntarios de diversas organizaciones no gubernamentales podrían, tal vez, realizar una labor de protección y asistencia  y en contra del machismo y de la violencia.