Publico artículos sobre cuestiones filosóficas y también sobre temas de interés general. Soy profesor de Filosofía, escritor y filósofo. Invito a los que lo deseen a visitar mi canal de Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCcUgQXHBUIwjdluJYOHEpEA Libros de los que soy autor: Ensayos filosóficos, Esencia y transcendentalidad en el realismo de Zubiri, Diversa realidad y Perspectivas en Amazon y José Gaos y la filosofía coetánea, etcétera.
martes, 6 de julio de 2021
lunes, 5 de julio de 2021
PODER Y SUPERFICIALIDAD
En el libro de Jean
Baudrillard titulado La agonía del poder aparecen fuertes críticas a la
sociedad posmoderna actual y también a la práctica política especialmente de
Estados Unidos y, en general, al modelo económico capitalista neoliberal.
Su crítica a la
cultura norteamericana y a su forma de entender la realidad y la vida es muy
dura, porque está convencido de que es la negación del pensamiento y la
afirmación de la vulgaridad, de forma general. A esto cabría añadir que existen
partes importantes de la cultura estadounidense que están en la línea de
desarrollo de las mejores contribuciones de la cultura occidental.
Este filósofo francés
es conocido por su producción filosófica desde la década de 1960. Procura superar los límites de las
disciplinas sociales o humanas. Porque, por ejemplo, la lingüística, la
filosofía, la economía y la sociología poseen elementos que pueden ser
investigados y estudiados desde enfoques similares.
A Baudrillard que ya ha fallecido en 2007 siempre le
interesaron todos los aspectos de la
realidad. Su escritura es compleja, puesto que desea reflejar todos los matices
posibles de lo empírico y también de los conceptos y de las ideas. Fue un gran
observador del mundo que le correspondió vivir y realiza profundos y acertados
análisis de la sustancia de la realidad humana y social con gran perspicacia y
precisión.
A mi juicio, sus
planteamientos filosóficos se parecen a los de Bauman, ya que critica duramente
las formas de vida superficiales y
demasiado aceleradas del mundo actual y considera que ya estamos instalados en
una sociedad superficial que lo mercantiliza y banaliza todo.
Escribe que «El golpe de gracia del capital ha sido la subordinación de la
realidad al orden económico, de suerte que ya nada puede pensarse en otros
términos». Es cierto y no cabe duda de que estamos entrando en una
nueva etapa de la Humanidad, en todos los sentidos. Están cambiando las
estructuras mentales de muchas personas y también las condiciones materiales
con una rapidez sorprendente.
La estimulación
constante que produce el sistema capitalista, en la sociedad de la satisfacción
sin límites, está causando saturación y saciedad en las personas. No son
capaces de disfrutar todo lo que podrían, ya que existen otras necesidades y
acciones que es preciso atender.
Lo expresa de forma
muy clara Baudrillard al escribir que «La
satisfacción inmediata supera con creces la capacidad de disfrute de un ser
humano normal». La radical crítica de este pensador galo se expresa cuando
escribe que se ha alcanzado el grado cero de la cultura en la sociedad
mediática. Lo dice porque considera negativa la vulgaridad y la
insustancialidad de una parte considerable del mundo mediático de su tiempo que
también es el nuestro.
En definitiva, si se observa todo y se
visibiliza todo parece que pierde sentido la vida. Y en la sociedad actual eso
está ocurriendo y lo indican numerosos pensadores y sociólogos. Realmente lo
simbólico tiene que ganar importancia en la convivencia individual y en las
relaciones sociales de todo tipo.
Según Baudrillard «Cuando todos se
vuelven actores, ya no hay acción ni
escenario. Es la muerte del espectador como tal. Fin de la ilusión estética».
Es como si ya en este año 2021 después de una evolución social considerable, lo
que más le importa a una considerable parte de la gente es vivir por vivir, sin
querer llevar una vida profunda, en la que casi todo se iguala desde la
banalidad o lo superficial, ya que lo que se desea es vivir los placeres sin importar
nada más.
La cultura occidental y también la
política están atravesando una etapa crucial. Desde mi perspectiva, el modo de
tomar decisiones políticas debe cambiar notablemente y depender más de las
argumentaciones de los agentes sociales o de los ciudadanos afectados por las
mismas.
Sería buena idea judicializar, cuando
sea necesario, la actividad política para ajustarla del todo al derecho y al
espíritu de lo justo. Las sentencias judiciales deben marcar inexorablemente el
camino a seguir en los ámbitos administrativos públicos y privados, en el campo
laboral de modo especial. También en otros campos.
Los derechos de las minorías tienen
que ser respetados y la dignidad humana es un valor que está por encima de otro
tipo de consideraciones estratégicas o partidistas.
Una política humanista y solidaria es
lo necesario en los convulsos tiempos actuales atravesados por la pandemia, con
todo lo que ello supone para todos. O nos salvamos todos o no se salva
nadie. No sirven los términos medios ni
el egoísmo a toda costa.
ARTÍCULO 1.107
viernes, 2 de julio de 2021
martes, 29 de junio de 2021
NECESARIA FILOSOFÍA
En el libro de la
filósofa y escritora Ayn Rand titulado Filosofía: quién la necesita se tratan
numerosas cuestiones esenciales para comprender que estamos filosofando
constantemente.
Lo fundamental es
pensar correctamente y con profundidad. Indudablemente, la búsqueda de la
felicidad es uno de los propósitos de la vida humana. También lo es el
desarrollo de proyectos y la producción o realización de los mismos y se puede
afirmar que la razón es clave en la existencia. Estos presupuestos vitales
también son afirmados por Rand en su objetivismo filosófico.
Aunque una parte de
los seres humanos pueden no estar interesados por la filosofía, en realidad,
son los que más la necesitan para organizar sus vidas y vivir mejor. Porque
como escribe Rand: «el entrenamiento filosófico le da al
hombre la postura intelectual adecuada: un control orgulloso y disciplinado de
su mente». En efecto, aunque Rand murió en 1982 en Nueva York sus
palabras y sus ensayos siguen plenamente vigentes en el siglo XXI. Diría que
más que hace décadas.
Evidentemente, las
emociones son necesarias en la existencia, no se debe supeditar todo a las
mismas. La razón debe guiar y dirigir las acciones humanas de un modo
considerable. Así lo piensa también esta filósofa.
El conocimiento de
causas y consecuencias forma parte de la racionalidad de las personas, en todas
las circunstancias de la realidad humana. Como escribe Rand «la mayoría de los hombres pueden darse a sí mismos sólo
algunas respuestas primitivas y superficiales».
No cabe duda de que
antes de hablar las personas deben saber e informarse adecuadamente, pero esto
no sucede en numerosas ocasiones. También es cierto que existen muchas personas
juiciosas y racionales.
La filosofía enseña a
razonar y a buscar la verdad siempre. También a argumentar lógicamente. El
desarrollo de la capacidad reflexiva y argumentativa es absolutamente necesario
para que la sociedad funcione mejor. Y todo esto partiendo del respeto total a
la diversidad y a las diferencias individuales.
Lo normal es algo
relativo, ya que existen infinitas formas de ser persona. Los genios a veces
han sido calificados de anormales y no es cierto. Los genios son superiores
intelectualmente a la masa que vive superficialmente.
La sociedad está llena
de prejuicios o falsas ideas y contra esto lucha la filosofía. Los Derechos
Humanos son el marco de convivencia que nos hemos dado en las sociedades
occidentales y esto no debe olvidarse nunca.
La violencia, la
agresividad, las guerras, la marginación, el desprecio, y la intolerancia
derivan de la falta de inteligencia y de pensamiento profundo y extenso, en
definitiva, de la carencia de una reflexión filosófica.
Por tanto, cada vez se
necesita más a la filosofía en la enseñanza de las nuevas generaciones en todo
el mundo. Y esto es aplicable también a los adultos independientemente de la
edad y las circunstancias vitales. Esto no está reñido con la puesta en
actividad de las emociones y los sentimientos en una existencia intensa y
plena. Todo desde una actitud que parta de la prudencia para prolongar lo más
posible una vida saludable.
La filosofía es una
ciencia humana o social que profundiza en la psicología humana y también en los
aspectos éticos y bioéticos que tan esenciales son. Con el avance de la ingeniería
genética surgen muchas cuestiones que pueden ser objeto de discusión crítica,
por parte de los expertos y también por los ciudadanos.
El respeto y la
tolerancia junto con la igualdad, la libertad y la justicia deben ser los ejes
que muevan a todas las personas en todas sus conductas. Las leyes son la
garantía de que los derechos individuales se tienen que respetar de modo total.
La filosofía nos
permite juzgarlo todo y también analizar infinidad de aspectos de todo tipo, ya
que nada humano le es ajeno a la reflexión. Una vida sin examen no merece ser
vivida. Las posibilidades que ofrece la vida son innumerables y está en la mano de cada uno aprovechar las que
pueda o no. Esto depende de las intenciones y pensamientos de cada uno. La
libertad es uno de los principios o elementos básicos de las formas de vida y
seguirá siendo así.
Se puede construir en
los próximos años y décadas una nueva sociedad digital en la que se consiga una
mayor calidad de vida para todos y una desaparición de la pobreza y la exclusión.
La solución también está en ejercer una actitud filosófica que potencie la
bondad, el saber y la racionalidad
individual.
ARTÍCULO 1.106
martes, 22 de junio de 2021
lunes, 21 de junio de 2021
INFINIDAD
El veloz transcurrir
del tiempo parece acrecentarse en pleno siglo XXI. Vivimos en una era líquida y
digital en la que infinidad de estímulos y sensaciones nos envuelven y rodean.
La realidad humana se
acelera cada vez más y se transforma en una especie de carrusel sin fin ni
propósito. La meta o a finalidad última es la comodidad o la maximización de la libertad satisfecha,
en casi todas las situaciones y circunstancias.
Todo se supedita a la
vivencia intensa de un presente que no tiene término, pero que conduce al
futuro y solidifica el pasado de una manera superficial.
Se está entrando en
unas nuevas concepciones de la existencia, que dejan de lado el pensamiento
profundo y extenso y el análisis crítico y minucioso de la realidad en la que
estamos inmersos. Es un cambio civilizatorio de primera magnitud. Es una nueva
etapa de la humanidad.
Hegel en su Filosofía
de la Historia también reconoce la
fugacidad de todo y escribe: «Todo parece pasar y nada permanece». Es algo que se puede calificar como una especie de duelo,
ante el poderío absoluto de la muerte y del tiempo sobre todas las cosas y
sobre los seres humanos. Lo que no impide que cada persona, consciente de su
finitud, se esfuerce y persevere, de modo libre, en lo que quiere hacer con su
vida y en lo que desea lograr en la misma.
Como también afirma
Hegel «Es un duelo que no deplora pérdidas personales ni la
caducidad de los propios fines, como sucede junto al sepulcro de las personas
queridas, sino un duelo desinteresado por la desaparición de vidas humanas
brillantes y cultas».
La infinidad de
posibilidades que pueden crear y desarrollar las personas a lo largo de su
trayectoria vital ha aumentado con los dispositivos tecnológicos de una manera
formidable. Y esto se nota con más claridad, si se analiza el pasado reciente y
se compara con hace más de 40 años. En este orden de cosas la creatividad se ve
potenciada por las extraordinarias posibilidades de difusión por medio de
Internet.
También es cierto que
la inmensa cantidad de contenidos que circula diariamente a través de Internet
para miles de millones de usuarios de todo el planeta, causa una cierta
dispersión de lo que se puede ver, leer y escuchar, pero es una de las
condiciones inevitables de la inmensa cantidad de información que está presente
para todos en el mundo digital. En los próximos años el número de contenidos
aumentará exponencialmente, por la mejora de las redes de comunicación y de los
dispositivos electrónicos y también por el aumento de los internautas que acceden
a Internet.
De todas formas,
también hay que reconocer que la democratización del saber nunca ha estado tan
presente y al alcance de todos como ahora. La conexión a Internet abre las
puertas a un universo de conocimientos impensable hace unas décadas.
La adecuada
utilización de los medios tecnológicos es otro de los grandes retos que se
plantean en la actualidad. En este sentido, estoy convencido de que existe la
necesidad de formación y educación especialmente para las nuevas generaciones.
Aunque también es
cierto que cada vez se observa una mayor dispersión social en todos los
sentidos. Lo que significa que los espacios culturales y también los de
entretenimiento son crecientemente más dispares y diferentes. Ante una oferta
de miles o de millones de posibilidades de espacios de cultura o de diversión, los gustos se
diversifican y atomizan de tal forma que casi todo parece perder sentido y
profundidad.
Vivimos en la sociedad
del fragmento y esto produce muy graves consecuencias para las mentes humanas. Los
niveles de lectura están bajando y la apreciación y disfrute de grandes obras
culturales de todo tipo también se resiente. Una minoría sigue disfrutando con
la alta cultura, pero una gran parte de la población solo accede a la cultura
masificada y superficial. Y suele triunfar más precisamente lo que no es
profundo.
Estamos asistiendo a
un cambio de paradigma sin parangón. Lo más banal y lo chocante y sorprendente
es lo que suele gustar frente a los contenidos de más calidad y más elaborados
y profundos. Aunque también es cierto que una considerable parte de las
personas siguen valorando la calidad cultural y el arte en los contenidos que
se crean continuamente.
La ilimitada libertad
creativa es algo a destacar, porque contribuye a la riqueza cultural que existe
en el planeta y que se incrementa constantemente a lo largo de los años.
(ARTÍCULO 1.105)
sábado, 5 de junio de 2021
ÉTICA DEL CUIDADO
En los tiempos de
pandemia en los que aún vivimos es absolutamente necesaria una ética solidaria
y compasiva. Siempre es apropiada la
insistencia en el valor de los Derechos Humanos y en su cumplimiento desde una
perspectiva individual y social. De este modo, se reconoce el derecho al
cuidado y el deber de cuidar.
También es evidente
que el autocuidado es lo coherente en el ámbito de la vida humana desde la responsabilidad
individual, si esto es posible como es natural y dependiendo de las condiciones
vitales de las personas.
En el libro Tiempo de
cuidados la filósofa Victoria Camps trata numerosas cuestiones y aspectos de
una nueva forma de entender la existencia, desde planteamientos solidarios que
buscan atender las necesidades de todos y desde un ambiente de fraternidad
humana y de justicia.
Es indudable como escribe Camps que «Considerar el cuidado un valor ético conlleva de por sí una
pretensión de universalidad, como ocurre con todos los valores éticos». La vulnerabilidad y la dependencia son algo que está presente en la sociedad y que
puede llegar a todos por diversas razones.
Con el aumento notable
de la longevidad es evidente que se deben atender a más cantidad de personas. Y
está bien que sea así, ya que cuanto más tiempo se viva mejor.
En lo referido a la
calidad de vida, aunque puede haber parámetros de medición de la misma, son matizables
y pueden ser objeto de discusión. Es preciso considerar también el gran avance
en los medicamentos contra el dolor en el siglo XXI.
Los Gobiernos de los Estados
deben poner en marcha políticas de creación de empleo en relación con los
cuidados. La atención profesional de cuidadores con formación homologada no va
a ser suficiente en los próximos años.
El envejecimiento de
la población en España es cada vez mayor, entre otras causas, por la caída de
la natalidad y por las mejoras en la atención médica. Es entendible que como
dice Victoria Camps el derecho a ser cuidado debe estar garantizado por el
Estado. Es lo justo y así está reconocido por el ordenamiento legal vigente.
Es cierto que la
pandemia ha puesto de manifiesto que muchos mayores no son adecuadamente
cuidados. En consecuencia, hace falta un mayor control público para que no haya
abusos y para priorizar el bienestar de todos, sin excepciones. Frente al
recelo y la desconfianza la asistencia empática a los que la necesitan y esto
es algo que las instituciones públicas deben tener siempre en sus actitudes
hacia los ciudadanos.
La diligencia es
necesaria en la concesión de los cuidados. La burocracia excesiva debe
eliminarse. Sobre todo si se piensa en la era digital en la que estamos
inmersos. Es realmente posible agilizar mucho los trámites a realizar y
simplificarlos para ganar tiempo en su resolución.
El respeto, el celo y
la delicadeza son algunas de las virtudes necesarias en los cuidadores. Y
aunque esto es obvio parece que, aunque reconocido en el derecho vigente, no se
insiste suficiente mente en ello en bastantes situaciones y no se cumple en
muchos casos.
En relación con la
eutanasia o el suicidio escribe Victoria Camps: «Con respecto al dolor, la
medicina ha sabido poner al servicio de
los dolientes todo lo necesario para que este no pueda considerarse hoy motivo
de suicidio». La fraternidad que es un valor ético que forma parte del
lema de la Revolución Francesa es algo que se necesita cada vez más en pleno
auge de la sociedad líquida del materialismo y del consumismo individualista
existente.
Frente a la
gerontofobia de la sociedad actual hace falta una campaña permanente de
sensibilización ética y psicológica para que se deje de discriminar a las
personas, por simple cuestión de edad.
El Estado tiene mucha tarea por delante para que toda la gente entienda
que existe un derecho a la vida de todas las personas, sin discriminaciones.
Al final, si no se
muere prematuramente, todos llegaremos a ser viejos. Y esto parece que una
parte de la sociedad no lo quiere reconocer. El tiempo transcurre para todos y
más rápidamente de lo que se suele pensar.
No se puede sostener
la lógica individualista del capitalismo neoliberal actual. Todo lo que se hace
y también lo que no se realiza tiene repercusiones individuales y colectivas y
esto conviene no olvidarlo, en relación con una moral del cuidado. Existe, por
tanto, una responsabilidad individual y colectiva con nuestros semejantes en
este sentido.
(Artículo 1.104)