jueves, 4 de julio de 2019

ETERNO ARTURO FERNÁNDEZ




Se nos ha ido un genial actor. Pero sigue vivo en sus más de setenta películas y en sus numerosas actuaciones en televisión. En el teatro representó con gran éxito comedias que gustaron mucho a los espectadores.
Es querido y admirado especialmente en Gijón y Asturias y también en el resto de España. Siempre estuvo muy orgulloso de haber venido al mundo en la Villa de Jovellanos. Daba mucha importancia al esfuerzo y la perseverancia en su tarea artística como intérprete en su trayectoria profesional durante 68 años.
Destaca, a mi juicio, en la naturalidad que da a sus interpretaciones y también en la expresión de un carisma personal que supo emplear de modo magistral en su carrera como actor. Se comprende perfectamente que su ciudad natal que es Gijón esté tres días de luto oficial por su fallecimiento. Desde este artículo también transmito mi enorme dolor por su muerte a su familia y amigos. Es hijo predilecto de Gijón e hijo adoptivo de Oviedo. 
Su actitud de galán seductor no oculta sus grandes dotes para la alta comedia y su ironía y finura en la interpretación de sus personajes que le hicieron triunfar en todos los medios en los que actuó. Fue también empresario teatral y tuvo su propia compañía. Popularizó la expresión chatina. En televisión una de sus obras con más éxito fue “Yo soy Brandel”, un “Estudio 1” de 1973. Protagonizó series como La casa de los líos en televisión.
La muerte le ha sobrevenido  a los 90 años. Cogió su maleta y se fue desde Gijón a Madrid para intentar ser actor. Llegó a la capital de España en 1949. Le impresionó la Gran Vía de la capital de España. Aunque al principio empezó como figurante.  En 1951 ya debutó en el cine con un papel secundario. En los siguientes años su carrera como actor de cine, televisión y teatro fue magnífica.
Era y es una de las figuras de la escena o del   espectáculo   más conocidas  y populares. En una entrevista que concedió a un periódico de Madrid hace un año en relación con el secreto de su salud de hierro  dijo lo siguiente: «Tener buena salud y una buena carga genética es básico sin duda, pero no es menos importante mantenerse activo, tener ilusión por lo que se hace y metas por cumplir… Y no querer darse de baja de nada mientras el cuerpo no lo impida». Es una fabulosa filosofía de vida con la que estoy plenamente de acuerdo. Coincido con este gran artista de la interpretación en que la palabra jubilación en el campo de la creación no tiene sentido mientras se tenga fuerza o energía suficiente.
Ha recibido numerosos premios como, por ejemplo, los del Sindicato del Espectáculo al mejor actor (1961 y 1968), Nacional de Interpretación (1962), Nacional de Teatro Pepe Isbert (2002) o la Medalla del Ministerio de Cultura al Mérito en Bellas Artes en el año 2004.
Disfruté mucho con sus comedias en el Teatro Jovellanos y también con sus series en televisión y sus Estudio 1. Su capacidad de adaptación, su elegancia, dicción, carisma y  tono de voz eran magistrales. También sus dotes de improvisación si eran precisas. Su completo entendimiento de las emociones y sentimientos humanos se expresa siempre en sus  interpretaciones.
La experiencia que atesoraba y las tablas  que había conseguido con su continuo trabajo como actor eran las que le convertían en un mago de la escena, de la representación, del arte teatral.
Fue, en mi opinión, un actor de raza. Lo que no impide que a través de la observación y de las instrucciones y consejos de directores, realizadores, etcétera., se fuera formando en el arte interpretativo y adquiriendo cada vez más soltura y dominio encima del escenario. Al menos, así  lo imagino.
Entiendo que Arturo Fernández sintiera que su vida artística y profesional era la interpretación ante el púbico o ante las cámaras y micrófonos. Era lo que le llenaba y lo que daba sentido a su existencia.
El teatro es un arte y permite estar en contacto con el público y hacer reír, llorar o pensar. Prefería hacer comedia y que los espectadores se divirtieran, ya bastantes problemas tiene el mundo, si pensamos desde un planteamiento pragmático y realista. Indudablemente, la actitud de Arturo Fernández muestra un apasionado gusto por la vida y por la más intensa felicidad.


ETERNO ARTURO FERNÁNDEZ

martes, 2 de julio de 2019

LOCUCIÓN




La expresión hablada es muy importante actualmente. También lo ha sido en el pasado a través de los milenios. Desde la niñez y la adolescencia la capacidad de hablar es indispensable para la socialización y el aprendizaje.
Quizás una de las tareas que requieren más esfuerzo y dedicación por parte de los docentes es precisamente el refuerzo, desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje hablado  de una parte de los estudiantes. No cabe duda de que la lectura y la escritura también son esenciales para hablar bien, pero conviene tener presentes una serie de técnicas o procedimientos que mejoran la forma de hablar.
A la hora de realizar una exposición de un tema o de realizar un debate o plantear preguntas es primordial que el tono de voz se oiga bien. La pronunciación también es fundamental, ya que si no es clara no se oyen bien algunas palabras y eso mismo empobrece el discurso y no es agradable para los que escuchan. Proyectar bien la voz hacia los demás es lo exigible para que todos se enteren perfectamente de lo que se está diciendo.
No es necesario que cada persona se maneje con su voz como un locutor de radio profesional, pero si es deseable que cualquier persona que hable  lo haga de un modo que sea fácil de seguir. Hablar demasiado lento o excesivamente rápido tampoco es lo apropiado para que los demás se enteren realmente de lo que se está diciendo.
Al hablar en público con micrófono o sin él lo más recomendable es hacerlo con naturalidad, ya que suele tener un buen efecto en los  que reciben las palabras. Ser uno mismo al hablar es, sin duda, lo mejor. Las emociones y los sentimientos también pueden manifestarse a través de nuestra entonación y ritmo. La articulación de los términos o su pronunciación debe ser clara. Los locutores profesionales de radio o televisión, si pronuncian mal una palabra, vuelven a repetirla bien y continúan con su discurso o exposición.
Dar vida a las palabras a través del hablar es algo que se puede lograr a través de ciertas técnicas y de la práctica. Hablar como si se estuviera contando una historia es algo que suele gustar a los oyentes y al público en general. La realización de pausas al hablar es algo requerido por el propio flujo del habla.
Lo que parece indudable es que la expresión de las ideas debe realizarse con firmeza en todo momento, aunque lo que se diga sea objeto de dudas. Porque es el modo de que el público o los oyentes crean en la sinceridad y en la buena intención del que está hablando. Y además así se establece una cierta confianza hacia la persona que habla y comunica.
La adecuada respiración es decisiva para mantener bien el tono y el ritmo de la comunicación hablada. Ser auténtico cuando se habla es lo mejor para sonar como uno mismo y a la vez diferenciarte de los demás hablantes.
Conviene evitar los vicios de dicción y no emplear construcciones gramaticales incorrectas. En todo caso, lo mejor es no usar términos o construcciones que generen interpretaciones incorrectas de lo que se está transmitiendo verbalmente.
Para hablar mejor un buen procedimiento es leer en voz alta y practicar de vez en cuando. Ser un buen lector también es clave para la adquisición de vocabulario y para estar más habituado a distintos tipos de construcciones gramaticales y estilos literarios o de escritura.
En la Antigüedad el arte de persuadir o convencer estaba en la boca y en el cerebro de los oradores. La retórica fue decisiva en la Grecia antigua. Pericles, por ejemplo, era además de un gran político también un notable orador. El arte de la retórica o la oratoria era enseñado por los sofistas. Cicerón fue el más grande orador de la época romana. Demóstenes  varios siglos antes fue el mejor retórico en Grecia. Como se sabe la tartamudez de Demóstenes fue vencida por él mismo a base de esfuerzo, coraje, práctica y determinación. Y es que una perfecta vocalización es muy necesaria para que las palabras lleguen con nitidez a los oídos de las personas.
Actualmente, a través de los diferentes tipos de micrófonos y aparatos que amplifican la voz y los sonidos  es más fácil hablar ante un público en directo o en diferido  a través de la grabación de audios y vídeos.


LOCUCIÓN