lunes, 30 de septiembre de 2019

S.O.S. SANIDAD




Existe una cierta decadencia del sistema sanitario español. Por causa de la escasez de médicos, las listas de esperas interminables y otros muchos problemas que no se pueden admitir en una sanidad pública de calidad como pretende ser la española.
Agenda de especialidades  cerrada. Esperas de ocho meses en casi todas las especialidades. Esperemos que el nuevo Consejero de Sanidad ponga en marcha  medidas para acabar con este despropósito.
Más atención a las personas  mayores que no por tener más de 80 años hay que pasar de ellas. Solo en Gijón viven 26.000 personas  que ya han cumplido los 80.
Enfermedades desconocidas  que pueden ser alergias que los médicos no entienden ni saben tratar y que tampoco son investigadas. Estos son algunos de los botones de muestra de lo que está pasando actualmente en  Asturias y, de forma general, en todo el territorio español, según dicen.
Es verdad también que se está intentando remediar estos problemas asistenciales, pero el deseo no es suficiente. Es preciso contratar más médicos no solo de otras comunidades también, si es necesario, de otros países. Es urgente que se dedique más dinero a estas cuestiones, porque aunque la Sanidad española esté considerada como una de las mejores del planeta no es suficiente.
Se comprende que el incremento de la longevidad y la baja natalidad está causando un envejecimiento de la población en comparación con hace décadas, pero esto no puede ser una justificación para la pasividad y la inacción. Las personas se merecen una atención médica de primera clase al igual que sucede en otros estados como, por ejemplo, Bélgica o los países nórdicos. 
Que se deriven más intervenciones a centros médicos privados, si no hay otra salida y que se tomen medidas extraordinarias de refuerzo para que todos los ciudadanos sean atendidos en igualdad de condiciones.
El aumento de la esperanza de vida puede encarecer el sistema sanitario, pero la sociedad tiene que darse cuenta de que es el precio que hay que pagar porque se viva más tiempo y en mejores condiciones. Y esto es algo de simple sentido común y de interés general.
La planificación sanitaria a nivel global o mundial debe cambiar radicalmente. Con los nuevos medicamentos y la nueva tecnología médica y con los tratamientos novedosos que están apareciendo y que surgirán en los próximos  años el cuidado de la salud será diferente. De hecho, ya lo es y lo será más en el futuro. 
Los tiempos de estancia hospitalaria se reducirán, de modo generalizado, si se habla de promedios y eso es bueno en sí mismo. Pero no debe olvidarse que  la población mayor que vivirá hasta edades muy avanzadas deberá ser cuidada y tratada para que tenga la mayor calidad de vida posible, es lo lógico.
El egoísmo debe dejarse a un lado. Todos llegaremos a mayores, si no morimos antes, por tanto, la atención sanitaria nos afecta a todos sin excepciones. No pensar esto puede llevar al desastre social.
El servicio más importante de una sociedad es el sistema de salud. Y no se puede privatizar. La sanidad pública vela por todos y así debe seguir siendo. Lo que no significa que los que lo deseen acudan a la sanidad privada, pero no debe ser algo obligado por la falta de medios y personal de la pública, en ciertas situaciones.
No vale con que se diga que no se puede hacer nada ante la falta de especialista para atender toda la demanda de pacientes en algunos periodos. Las leyes  y la Constitución dicen otra cosa muy claramente.
Se puede mirar para otro lado y resistir.  Pero no parece de largo la mejor actitud posible. La masificación en la atención sanitaria no es responsabilidad de los usuarios o pacientes del sistema público de salud. Es algo a solucionar por las autoridades sanitarias españolas poniendo más médicos y trabajadores sanitarios a disposición de los ciudadanos. Por supuesto, también es preciso incrementar el número de aparatos. Si esto no se hace las palabras no arreglarán esta situación de la Sanidad española.
En la atención primaria me  parece que las cosas van bien, de modo general. Pero en el ámbito de las especialidades médicas es dónde está el grueso de los problemas. En consecuencia, este campo es el que debería ser objeto de una mucha mayor dotación de fondos económicos, como es lógico. La sanidad española puede funcionar excelentemente.


jueves, 26 de septiembre de 2019

MONTAGU Y EL HOMBRE


Montagu  y el hombre

El antropólogo Ashley Montagu en su libro Qué es el hombre elaboró unos abundantes y precisos análisis sobre la condición humana en el marco del siglo XX.
Nació en 1905 en Londres y falleció en 1999 en Estados Unidos. Trató en sus obras temas relacionados directamente con la raza, el género y su clara relación con la política, la sociología y el desarrollo. Sus reflexiones abarcan numerosos aspectos que se pueden englobar en la antropología filosófica.
Intervino como ponente, durante 1950, en la declaración de la UNESCO sobre la cuestión racial. Ciertamente, cabe decir  que era muy consciente como antropólogo de renombre de la deriva violenta de la sociedad en nuestro tiempo y de los impulsos destructivos que observaba en la realidad social.
Expresaba también los peligros evidentes de los armamentos atómicos existentes que nos ponen al borde de situaciones caóticas. Se entiende que escribiera que «El hombre necesita cambiar sus actitudes mentales». En efecto, desde una perspectiva antropológica y, por tanto, filosófica es indudable que se debe favorecer la cooperación, el diálogo y la comprensión mutua en todas las situaciones. Ya que todos los seres humanos buscan el bienestar.
En este sentido, Montagu insiste en su libro, de modo claro, en que es absolutamente posible la realización de la cooperación de hecho y no únicamente de palabra. Es igual de fácil, aunque no lo parezca.
Por eso escribe que «El hombre nació para la cooperación, no para el conflicto o la competencia». La actitud empática y respetuosa hacia los demás adquiere, en consecuencia, un valor primordial, sin duda. La aceptación de las diferencias y de la libertad individual es una de las cuestiones fundamentales que no pueden ser obviadas o desplazadas.
La lucha por la existencia entre las personas tiene que ser sustituida por la solidaridad.  Y la competición por las condiciones materiales de la vida no debe ser excusa para tratar mal a los demás. De todas formas, Montagu indica que «En tales condiciones, los hombres, en todas partes, tienden a ser desagradables, brutales y crueles». Y esto es lo que es necesario cambiar en la convivencia social.
Es, fundamentalmente, una cuestión de educación  y de valores cívicos o éticos. Montagu está en esta línea de pensamiento y de planteamientos morales. Lo reconoce de modo explícito en sus obras. Las personalidades colaborativas, abiertas, tolerantes y respetuosas son las que realmente logran que la sociedad florezca y sea armónica. 
La lucha contra el racismo, el desprecio al diferente, las faltas de respeto a los demás y otras cuestiones relacionadas son el punto de apoyo de la reconstrucción de una sociedad que sea sana y  que no esté, en parte, enferma.
La existencia humana está inmersa en problemas. Esto es algo entendible e inevitable. Lo que habría que evitar es añadir problemas innecesarios derivados del excesivo egoísmo e individualismo que maltrata la dignidad de los demás para beneficiarse. Todos los individuos tienen derecho a realizar libremente su vida como quieran, sin estar sometidos a críticas continuas y descalificaciones falsas e injustas.  El único límite es el respeto a las leyes.
Montagu conocía muy bien la naturaleza humana y supo ofrecer planteamientos conductuales de colaboración y fraternidad que propician la igualdad entre los seres humanos.
Las reflexiones de Montagu se aplican también, por ejemplo, a la influencia de las diferencias  de los afectos maternos en los primeros meses de vida en el desarrollo de la personalidad. Considera que puede ser que  ejerzan un muy considerable efecto sobre el carácter del niño. Aunque reconoce que esto debe ser investigado, de un modo profundo y sistemático, para disponer de  mayor seguridad en los resultados de las investigaciones.
Ya que una persona es, en parte, el resultado de una serie de relaciones sociales. Se comprende, por tanto, la gran importancia de un ambiente social pacífico, dialogante, tolerante y en el que prime el respeto o la consideración de las diferencias como algo enriquecedor y no perturbador.
Los prejuicios o las falsas ideas son las causantes de numerosos problemas de convivencia entre las personas y esto se evidencia en las investigaciones de los sociólogos y los antropólogos. Se puede pensar que esperar otra cosa es utópico, pero lo que está claro  es que la labor por una sociedad justa y solidaria es de todos, sin excepciones.  La actitud ética es la base de la solución de los problemas sociales e individuales.