jueves, 12 de agosto de 2021

HAMANN



Johann Georg Hamann fue un filólogo y filósofo alemán que está encuadrado en el protestantismo pietista y que fue amigo y adversario intelectual de Kant.  Ambos nacieron en Königsberg en Prusia. Hamann nació en 1730 y dejó este mundo en 1788 a la edad de 57 años. Fue un erudito y lector voraz. Hablaba 5 lenguas y disponía de un conocimiento profundo de otras tres. Se interesaba por todo. Incluso investigó los jeroglíficos egipcios. 

Desarrolló una labor intelectual brillante y original y destaca también por su capacidad polémica y discursiva. Respecto a sus libros cabe citar su Memorabilia socráticas de 1759, Cruzadas del filólogo  de 1762 y Metacrítica del purismo de la razón pura de 1784, etcétera.

Su estilo de escritura es abstruso y aforístico hasta cierto punto. Las cuestiones teológicas y religiosas le interesaron especialmente y esto se refleja también en las cuestiones que trata y en su forma de escribir.

De hecho, para Hamann la razón no es lo absoluto, ya que considera que es una parte de la total personalidad de cada individuo. De todas formas, estoy convencido de que es lo principal junto con el juicio y la capacidad argumentativa.

Calificaba a Kant de simple abstraccionista y esto, en realidad, no supone que el autor de las críticas no razonase excelentemente. Ciertamente, la filosofía kantiana no es un existencialismo o un pensamiento romántico, ya que es un criticismo o idealismo trascendental. La revolución gnoseológica creada por Kant no tiene precedentes y esto es preciso destacarlo.

Incuestionablemente, Hamann escribe desde planteamientos teológicos y existenciales que le acercan a Kierkegaard y, en menor medida, al irracionalismo de Schopenhauer y de Nietzsche. Puesto que es una forma de irracionalismo peculiar la que afirma.

Hamann no aceptaba a Ilustración y la criticó desde el pietismo. De todas maneras, influyó en el pensar de filósofos de la talla de Goethe, Jacobi, Hegel y Schelling.

Desde la perspectiva de Hamann lo realmente decisivo es la voluntad, el sentimiento y sobre todo la acción. Son palabras que suenan como muy actuales, ya que empoderan al individuo concreto frente al azar de la existencia y potencian la libertad de los seres humanos,  en la realización de su  propósito vital a lo largo de los años.

Es uno de los filósofos que impulsó el Romanticismo alemán. Su actitud  revelacionista manifestaba que la historia era el resultado de la revelación divina. Esto era una clara muestra de espiritualismo idealista que no responde  a la realidad de los hechos empíricos. En cuanto al origen del lenguaje  también consideraba que era definible un origen revelado o divino del habla y la escritura en los seres humanos. Con la perspectiva de lo que se investigó en los siglos XIX, XX y XXI es evidente que los misterios sobre el surgimiento del lenguaje ya no son tales. Aunque es cierto que todavía queda mucho por investigar, pero los rasgos fundamentales ya se conocen.

De todos modos, acertó plenamente al decir que el lenguaje es una capacidad simbólica adelantándose a otros pensadores posteriores. También afirmó que la pintura y el canto eran anteriores en el tiempo  al habla y la escritura, algo que es posible, sobre todo si se piensa en el lenguaje escrito.

Como indica el eminente profesor José Luis Villacañas Berlanga en el epílogo del libro de Hamann: Memorables reflexiones socráticas y otros textos «Hamann jamás contempló la posibilidad de que los amigos también quisieran alterar el curso de sus propias ideas».

Hamann se veía como un nuevo Sócrates que aguijoneaba a otros pensadores de su tiempo con sus comentarios críticos.  Pero lo hacía de tal manera que seguía conservando la amistad de los mismos. Su habilidad expresiva era excelente y eso también le facilitó su tarea crítica y también causó polémicas que pudieron ser de utilidad para la filosofía y teología de su tiempo.

Escribe Hamann que «Platón hace de la pobreza de Sócrates un signo de su misión divina». Es entendible, ya que este planteamiento concuerda perfectamente con el intelectualismo moral y con el idealismo. Además, es la expresión de un sentido similar al propio del cristianismo que surgió cuatro siglos después. El ascetismo de los pitagóricos es otra forma de buscar la coherencia interna y la unión con lo divino y con la armonía celestial del Universo o con la divina música de las esferas.

Hegel apreciaba mucho el pensamiento de Hamann y lo analizó y difundió todo lo que pudo. La espontaneidad y los brillantes hallazgos conceptuales de Hamann le dan una  fuerza  y un vigor inmenso a sus libros. Se pueden leer  para conocer los entresijos intelectuales del siglo XVIII  que está en la base de lo que se conoce como la Modernidad.

 ARTÍCULO 1.112

 

jueves, 5 de agosto de 2021

ESTADO SOCIAL



Ya en los siglos XVIII y XIX se consideraba que era necesario un estado social y de derecho. No en vano la Revolución francesa cambió la situación política y causó una gran repercusión en el mundo occidental.

Fichte en su libro El Estado comercial cerrado del año 1800 publicado en Alemania afirma la necesidad de un gobierno y una política racionales para que se pueda lograr el bienestar de todos los ciudadanos. Detalla en su libro lo que debe ser un Estado ideal. Parte de las condiciones de la Europa de su tiempo y también está a favor de un cierto cosmopolitismo. Estos planteamientos pueden ser pensados desde su idealismo ético. Indudablemente, este gran filósofo alemán que murió en 1814 a los 51 años de edad, propone la introducción de la razón en la historia y en las decisiones políticas. La idea de libertad es también esencial no solo para cada ser humano sino también para la convivencia social de los ciudadanos de cualquier país. Para Fichte el ser humano se define por su actividad y no tanto por el ser, ya que la acción es lo que cambia la realidad, en todos los sentidos pensables.

Este pensador idealista se solidariza con los oprimidos y reafirma los ideales de  libertad, igualdad y fraternidad. En definitiva, sus valores democráticos le impiden aceptar la injusticia y la pobreza. Quiere realizar una revolución pacífica, como también señala Jaime Franco Barrio. Fichte criticaba el absolutismo monárquico de su época.

Como escribe Fichte «El objetivo de toda la actividad humana es el de poder vivir: y a esta posibilidad de vivir tienen el mismo derecho todos aquellos  a los que la naturaleza trajo  a la vida». Lo que se deduce de esto y así lo afirma el mismo pensador alemán es que todos los individuos tienen que disponer de los medios suficientes para subsistir. En los tiempos actuales, con el extraordinario desarrollo de la ciencia y la tecnología, esto es realmente posible con una adecuada y racional política redistributiva. En tiempos de Fichte podría ser más difícil aunque alcanzable.

Es posible, por tanto, un Estado racional  que garantice la equidad pública. En consecuencia, las leyes o el ordenamiento jurídico de los Estados deben  fundamentarse en el respeto a los derechos de todos. Y se comprende perfectamente que Fichte diga lo siguiente: «No se ha tenido en cuenta el deber fundamental del Estado: ante todo poner a cada uno en la posesión de lo que le corresponde».

Es parecido a lo que escribió en sus obras Jovellanos, que fue coetáneo de Fichte.Los principios de la Ilustración son compartidos por ambos pensadores europeos. El filósofo germano también  critica la anarquía del comercio y pretende que se establezca una mejor regulación del mismo. En este sentido, se puede decir que Jovellanos está en una línea de pensamiento similar. La anarquía política es otro obstáculo para el logro de un Estado racional.

La filosofía ética y política fichteana nos sirve para pensar que la política de los gobiernos estatales tiene que dirigirse prioritariamente al bienestar general, porque es la tarea principal. Si esto no se hace suficientemente, lo demás no mejora y se refuerza o mantiene la desigualdad, la marginación, la exclusión y la pobreza.

El que una buena parte de los Gobiernos no se centren de verdad y con todos sus medios en resolver la enorme injusticia social existente significa que no están haciendo bien su labor política.  Así de claro y rotundo. Si a esto se añade el problema de la corrupción económica y política sobran los comentarios o mayores explicaciones.

En relación con el trabajo escribe Fichte «Dicho brevemente: el objetivo de todo trabajo, además de satisfacer nuestras necesidades vitales, es el de permitirnos vivir algún día a nosotros mismos y a nuestros seres queridos de la renta del mismo». Es un enfoque social que concuerda con los principios de los Derechos Humanos actuales y con la idea de un Estado del Bienestar.

El Gobierno de cada Estado debe tener en cuenta que gobierna para todos los ciudadanos y tiene que promover con sus leyes y decretos que se garantice la justicia tanto en el ámbito laboral como en los restantes campos de su actuación. 

Los impuestos son decisivos para la justicia social. El pago de los mismos está en directa relación con las rentas de los ciudadanos. Al ser progresivos nadie se verá perjudicado de forma objetiva por los impuestos.

El derecho al ingreso mínimo vital junto con un derecho a cobrar el paro mientras no se encuentre trabajo deberían ser las medidas estrella para acabar con la exclusión social y la pobreza, junto con otro conjunto de medidas de protección social y económica.

ARTÍCULO 1.111