jueves, 3 de septiembre de 2020

MONTAGU Y EL HOMBRE



 

El libro Qué es el hombre de Ashley Montagu  es una obra que muestra la profundidad y amplitud de las reflexiones antropológicas o filosóficas de este pensador británico- estadounidense. Analiza de modo muy preciso lo que está sucediendo en la época actual desde una perspectiva también social y psicológica.

Montagu nació en Londres en 1905 y falleció a los 94 años en 1999 en Estados Unidos. En 1995 obtuvo el galardón de Humanista del año. Aunque el libro citado es de 1950 sus planteamientos y consideraciones siguen siendo muy útiles hoy en día, porque trata temas que siguen ocupando las mentes de las personas también en este siglo XXI.

Montagu  da una extraordinaria importancia o significación a la naturaleza social de los seres humanos. Así lo expresa en numerosos pasajes de su libro y, en general, en toda su producción escrita. Dice que «Si no se le presta atención, el adulto socialmente dependiente cae en una apatía que puede ocasionar la muerte». El deseo de seguridad está activo y presente en la conciencia de todos los individuos y es algo natural y entendible.

Es indiscutible que los niños no nacen con un yo formado, ya que las relaciones sociales son las que orientan la formación de la persona. Insiste Montagu en la necesidad de la solidaridad y la buena interacción con los demás desde el respeto.

En lo relativo a la violencia y la agresividad indica que es lo que dificulta el avance de la sociedad y el pleno y satisfactorio desarrollo de los sujetos en libertad. Montagu escribe que «Por “espiritual” no entiendo “religioso” en ningún sentido formal, sino, simplemente, un progreso en bondad”. La realidad es que muchas personas tienen  demasiados valores erróneos  y  él mismo lo pone de manifiesto o de relieve en su libro de modo muy claro.

De todos modos,  considera que la educación o la enseñanza es esencial  de cara a la construcción de una sociedad cada vez mejor. Dice que «El maestro es el más importante  de todos los servidores públicos de la comunidad». Montagu no tiene ninguna duda de que  el desorden, la tensión, la hostilidad y la ansiedad   que se observan en la sociedad son el resultado de las frustraciones causadas por el materialismo dominante en el mundo occidental.

Aspira a una sociedad del afecto y no de la agresividad, de la violencia y del egoísmo feroz. La lucha competitiva por la existencia no debe abarcar todos los aspectos de la vida humana. Se entiende que diga «En estas condiciones, los hombres en todas partes, tienden a ser desagradables, brutales y crueles».

Por tanto, Montagu reitera el incalculable valor de la vida de cada persona frente a los intentos de dominación. La libertad es uno de los valores éticos fundamentales, porque a partir de ella los demás valores adquieren fuerza y poder. La socialización debe ser la puesta en práctica de la bondad, la responsabilidad, la solidaridad y otros valores que mejoran la vida de los hombres y mujeres en su existencia.

En consecuencia, se podría hablar de un existencialismo humanista en Montagu directamente relacionado con su énfasis en la sociabilidad entre los individuos. Es la mejor manera de avanzar hacia una sociedad justa e igualitaria. También es necesario pensar en el legado del cristianismo en relación con la ética y los Derechos Humanos.

En definitiva, de lo que se trata es de poner los medios materiales para que todos los seres humanos puedan desarrollarse al máximo y alcanzar la plenitud en todos los sentidos. En una sociedad violenta o agresiva esto es difícilmente lograble.

En cambio, en un ambiente social armónico y agradable todo es más fácil y se potencia mucho más la felicidad individual. Lo que no significa que no deba haber luchas y tensiones, pero controladas para que no sean excesivas o desproporcionadas. Mientras los seres humanos no aprendan esto y lo apliquen a la vida cotidiana el mundo seguirá igual.

Actualmente, disponemos de una oportunidad única con la sociedad digital o telemática para llegar a  nuevas formas de existencia que sean más coherentes y respetuosas. Esperemos que no sea desaprovechada.

Se puede ser escéptico, pero considero que una parte de la gente es consciente de que se está creando un nuevo modo de enfocar la realidad vital. La bondad, el afecto, el  respeto y la solidaridad son las claves de bóveda de una nueva forma de entendernos todos en la búsqueda de la felicidad posible.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

TERRIBLE PANDEMIA



El libro del filósofo esloveno Slavoj Zizek titulado Pandemia expone numerosas interpretaciones sobre las consecuencias de la crisis causada por el coronavirus. Parte de la afirmación de que estremece al mundo por las muertes y el sufrimiento que está produciendo esta nueva peste del siglo XXI.

Es verdad que la distancia corporal de seguridad es necesaria para evitar la infección por este virus maligno, pero eso no significa  que no podamos experimentar internamente la cercanía o presencia de los demás. Parece que se toma más conciencia de que somos seres sociales. 

La libertad de expresión y de crítica está amparada y protegida por las leyes como es lógico, pero  partiendo de la confianza en la capacidad de opinar de todos. Como escribe Zizek «El principal argumento  contra la idea de que el Estado  tiene que controlar los rumores  para evitar el pánico  es que este mismo control propaga la desconfianza  y crea aún más teorías conspiratorias».

Ciertamente,  se observa un cambio social y civilizatorio considerable y parece que se está creando un nuevo paradigma económico que puede llegar a superar las coordenadas clásicas del mercado.  El número de contagios ha aumentado mucho en España, porque una parte de las personas no han cumplido las normas de protección repetidas hasta la saciedad en los medios de comunicación.

Con la interconexión de las personas a nivel mundial y nacional no es de extrañar que los casos aumenten de modo desproporcionado en diversas partes del planeta.  El mundo ha tenido mala suerte y sufre la contingencia  del covid-19. Podía no haber sucedido.

Zizek  pone en cuestión los fundamentos del neoliberalismo económico capitalista y dice que «lo importante  es reflexionar sobre el triste hecho  de que necesitamos una catástrofe para ser capaces de repensar las mismísimas características de la sociedad en la que vivimos».

Parece que la realidad virtual es el único espacio seguro del todo en relación con nuestra salud  o vida. La solidaridad en el ámbito presencial se traduce en la distancia de seguridad y el uso de mascarilla. No es aceptable el control digital, algo que sucede en China, porque es una invasión de la intimidad personal.

En este sentido, los países occidentales con la protección de datos y con el derecho a la privacidad están en la buena línea de los derechos humanos. Porque la libertad individual o los derechos individuales son innegociables. Un simple virus ha cambiado el mundo de la noche  a la mañana. Es una lección que ya hemos aprendido. Somos seres contingentes y sujetos al azar y a la casualidad. Y el planeta también, en cierto sentido, es frágil ya que puede sucumbir. Dentro de unos cinco mil millones de años quedará destruido por el Sol.

Por eso hace falta una solidaridad universal, si no queremos vivir escenarios de pesadilla. A nivel político Zizek está convencido de que es necesaria una especie de comunismo o socialismo  que sirva de base a una real justicia social global.

El caso de Estados Unidos con casi 200.000 muertos por coronavirus da una idea de la magnitud de la tragedia humana que está padeciendo por la falta de medidas de protección obligatorias para todo el país. Y el responsable no hace falta citarlo, porque está en la mente de todos.

Las medidas de control y regulación de la gente para evitar los contagios no son arbitrarias y tienen sus límites y son útiles para salvar vidas. Si no se les da importancia el derecho a la vida desaparece y da igual todo. 

Desde la perspectiva de Slavoj Zizek «La trampa  es que aun cuando la vida  acabe regresando a cierta normalidad, no será la misma  que la que teníamos antes de la epidemia». Sobre esto tengo mis dudas.  Lo que es indudable, a mi juicio, es que tenemos que repensar sobre nuestra orientación vital con todo lo que esto supone.

No se sabe lo que va a durar esta pandemia aunque se piensa que puede ser un par de años. En todo caso, lo que es evidente es que la vida de cada persona tenga la edad que tenga debe ser cuidada al máximo. Es entendible que Zizek insista en la asistencia incondicional, sin reparar en gastos. Todos tenemos derecho a vivir. No todo vale en este nuevo estado de cosas causado por la pandemia.  

Estamos empezando a vivir en un mundo viral, por desgracia.  De todos modos, es esencial organizar la vida cotidiana de una manera estable y dotar de significado a lo que se realiza.