lunes, 9 de diciembre de 2019

ENSEÑANZAS DE FRANCISCO DE ASÍS




Ciertamente, es evidente que en un mundo tan materialista y consumista como el actual los planteamientos religiosos y éticos del santo de Asís pueden parecer fuera de lugar. Pero es todo lo contrario. La orden franciscana creada por él ha dado grandes sabios como Duns Escoto y San Buenaventura o Guillermo de Ockham.
Francisco hijo de un rico comerciante después de una juventud y que vivió despreocupadamente sintió el ferviente deseo de dedicarse a los demás, especialmente a los pobres. Aprendió latín y recibió la formación regular de su época.
Ante los conflictos de finales del siglo XII formó parte del ejército papal en las luchas de poder en relación con el Imperio.  En el año 1205 Francisco escuchó una voz que le recomendaba regresar a Asís.
Aunque otro de los momentos clave en su vida fue el 24 de febrero de 1208 en el que escuchó en su mente unas palabras del Evangelio que le impulsaron a llevar una vida de pobreza y austeridad ayudando a los más necesitados.
Francisco también viajó  a Egipto y se entrevistó con el sultán de Egipto en un intento por convertir a los musulmanes a la religión cristiana. No lo consiguió, aunque recibió del sultán como reconocimiento un cuerno de marfil finamente tallado que le sirvió de pasaporte o salvoconducto por tierras musulmanas.
La búsqueda de la perfección está en la base de sus planteamientos religiosos. Hacia 1210 redactó la regla breve que en años posteriores fue ampliada y reelaborada, pero la esencia siguió siendo la misma.
Las enseñanzas de San Francisco son útiles y no únicamente para los creyentes también lo son para los agnósticos  y ateos. La tolerancia, la humildad, la bondad, la compasión y otra serie de valores éticos forman parte de lo que él quería en el mundo humano.
La humanización de la existencia, el cuidado y protección de cualquier forma de vida respondía a un amor universal que puede identificarse con Dios, pero que desde una perspectiva ética se puede entender como solidaridad universal.
La labor intelectual de la orden franciscana se ha extendido ocho siglos de un modo extraordinario. Los tratados teológicos de la Escolástica medieval son, en parte, redactados por franciscanos.
El apoyo social que ofrecen los franciscanos en la actualidad es inmenso y, por tanto, merecen el respeto y el agradecimiento de todos.
La filosofía también forma parte de todo esto, porque con el surgimiento de la Universidad de París los profesores de la misma eran, al principio, dominicos y franciscanos.
El desarrollo del saber filosófico y teológico tuvo como iniciadores a pensadores  religiosos, aunque también es cierto que con Pedro Abelardo y otros el conocimiento se independizó de los condicionantes teológicos con el paso de los siglos.
El pensamiento de Francisco de Asís puede reformularse con algunos cambios, pero lo fundamental sigue vigente. Francisco se desprendió de sus bienes para vivir una vida pobre. Se conserva su humilde sayo en la basílica  Santa María  Novella de Florencia. En la que reposan los restos de Dante, Maquiavelo y Miguel Ángel. Que también contribuyeron con su arte y sus escritos al desarrollo de la cultura occidental  que tiene unas raíces cristianas.
El mensaje central de su existencia es, a mi juicio, que es absolutamente necesario cuidar y proteger a los mayores y a los pobres y enfermos de modo incondicional y desinteresado. Porque todos somos hermanos  en nuestra humanidad como especie. 
Frente a la crueldad, la maldad, la violencia, las guerras y el hambre que son padecidas por millones y millones de seres humanos en el mundo, no debemos permanecer indiferentes.
Cáritas y todas las organizaciones solidarias sean de la Iglesia o no realizan, en este sentido, una labor extraordinaria que debería ser imitada por los países de todo el planeta, especialmente por los más desarrollados y con mayores niveles de renta.
Los medios materiales, técnicos y tecnológicos disponibles actualmente hacen posible una lucha efectiva contra el hambre y la marginación o exclusión social en todas sus formas. Lo único necesario es voluntad para empezar a hacer mucho más en favor de un planeta sostenible.
Estamos ante unos retos que son enormes de cara a la subsistencia de la especie humana.  La lucha contra el cambio climático puede ser exitosa, pero depende de las decisiones políticas. Y queda poco tiempo. El avance tecnológico  puede ser nuestro principal aliado para el bienestar de todos.



DIVERSIDAD DE GÉNERO

COGNICIÓN SOCIAL

jueves, 5 de diciembre de 2019

PENSAMIENTO DE DIDEROT




Denis Diderot fue un pensador ilustrado francés que nació  en 1713 y salió del mundo de los vivos en 1784. Elaboró una filosofía materialista que considera el gran valor de las sensaciones, ya que son la base de los conocimientos.
Destacó como un notable escritor y fue el fundador de la Enciclopedia, el gran proyecto de exposición universal del saber de su tiempo. La misma racionalidad es para Diderot el desarrollo de la sensibilidad o de lo que percibimos y sentimos.
No tiene dudas de que todos los hombres aspiran a la felicidad, algo que está en directa relación con su sentido de la moral. Era ateo, puesto que estaba absolutamente convencido de la inexistencia de Dios.
Además, Diderot fue un gran teórico de la literatura y de la Estética. Fue uno de los grandes impulsores de la Revolución Francesa. Por unos pocos años no llegó a presenciar lo que sucedió  a partir de 1789.
Como también señala Ezequiel Adamovsky se observa, en la última parte de su vida, una «radicalización del pensamiento de Diderot, prefigurando la concepción moderna de sociedad civil». La obra de Diderot está claramente influida por el movimiento de los libertinos franceses del siglo XVII. Además, se nota un cierto agnosticismo  que tuvo su repercusión en el ambiente intelectual de su época.
Luchó contra el dogmatismo imperante redactando y dirigiendo la elaboración escrita de la Enciclopedia durante más de veinte años. Federico II de Prusia y Catalina la Grande de Rusia lo admiraban por su labor filosófica ilustrada a pesar de que eran monarcas clasificables dentro del despotismo ilustrado.
En su obra Pensamientos filosóficos de 1746 Diderot al principio de la misma realiza una apología de las pasiones ya que escribe: «…sólo las pasiones, y las grandes pasiones, son las que pueden elevar el alma  a las grandes cosas». El valor de la pasión en la existencia también fue puesto de relieve por un filósofo como Hegel. Diderot considera que la ciencia se basa en hechos. Fue un espíritu universal: novelista, poeta, matemático y crítico de arte. 
Es un pensador iluminista que destaca la función de la razón  y también el ejercicio de la duda más radical. Además, considera que el ejercicio profundo y correcto de la razón es lo característico de la inteligencia humana. Pero está convencido de que es sumamente importante dedicarse al estudio o investigación de los hechos de la naturaleza. Piensa que la física experimental está avanzando mucho a costa de las matemáticas. En esta cuestión no pudo vislumbrar el extraordinario desarrollo de todas las ciencias en el futuro.
Diderot se plantea muchas preguntas acerca de la muerte y la vida y también acerca de la materia, pero quedan como interrogantes que en su tiempo parece que no pueden ser contestados.
En sus Pensamientos filosóficos el pensador galo se mueve entre el deísmo y el panteísmo. Incluso llega a decir que la existencia divina se puede pensar desde la física experimental mejor que con los sublimes pensamientos o reflexiones de Malebranche y Descartes. El racionalismo no puede demostrar que Dios exista.
Diderot piensa  que lo bello es relacional y escribe que es: «todo lo que fuera de mí contiene en sí algo con lo que despertar en mi entendimiento la idea de relación; es bello, en relación conmigo, todo lo que despierta esa idea». En definitiva, lo más destacable de Diderot  son sus obras y  la creación de la Enciclopedia que tuvo una extraordinaria repercusión intelectual en Europa.
Además, su capacidad crítica se puso al servicio de la sociedad. La afirmación de los derechos de los hombres y el cambio de las negativas condiciones de vida del campesinado francés fue otra de sus tareas, a las que se dedicó de manera infatigable. La libertad, la justicia social y la extensión del saber o la cultura fueron sus ideales  que se oponían  a la injusticia  del Antiguo Régimen.
Su materialismo sensista le fue útil para no olvidarse del principio de realidad y también para negar el valor de  las supersticiones y de los prejuicios de todo tipo que existían en la Francia del siglo XVIII.
Su pensamiento es muy actual, porque, en el fondo, se plantea temas o asuntos que hoy en día también nos preocupan y forman parte del imaginario colectivo. El atrévete a pensar por ti mismo kantiano es también compartido  por Diderot, por su gran capacidad reflexiva.




lunes, 2 de diciembre de 2019

LAS PASIONES




Las pasiones del alma es la última obra publicada de Descartes estando vivo. Se publicó en el año 1649 y el filósofo francés falleció en 1650.  Descartes en este libro parte de la fisiología humana tal como se conocía en el siglo XVII y reflexiona también acerca de la unión de alma y cuerpo.  Sus pensamientos sobre moral conforman también el contenido de esta obra. Las pasiones, según Descartes, son útiles para la existencia y no impiden el ejercicio de la razón o de la prudencia.
Si bien pone de manifiesto que las falsas opiniones son perjudiciales para los hombres y las mujeres. Para este pensador el universo de los sonidos musicales es también el de las mismas pasiones. Esto ya lo afirma en un escrito de juventud. Está convencido el fundador del racionalismo de que la sede de las pasiones no está en el corazón.
Atisba la función de los nervios o del sistema nervioso del organismo  en relación con la actividad de la bomba alojada en la cavidad torácica. También escribe acerca del nervio óptico y de otros nervios del cuerpo. 
No acierta en cambio con la función de la glándula pineal que no es el eje de comunicación entre las sustancias del alma y el cuerpo. Piensa que las pasiones son causadas por  los espíritus presentes en las cavidades del cerebro. Como se puede observar son explicaciones erróneas y claramente espiritualistas acordes con su defensa de la existencia de Dios y su afirmación del argumento ontológico de San Anselmo.
Respecto a la memoria las explicaciones de Descartes son curiosas e ingeniosas, si se tiene en cuenta el desconocimiento de la fisiología cerebral propio de su siglo.  Escribe que «Así, cuando el alma quiere acordarse de algo, esa voluntad hace que la glándula, inclinándose sucesivamente hacia diversos lados, impulse a los espíritus hacia diversos lugares del cerebro hasta que encuentren aquél donde están las huellas que ha dejado el objeto del que uno quiere acordarse». Descartes enumera las pasiones y  son muchas según su planteamiento. Describe la admiración, el amor y el odio, el aprecio y el menosprecio, el deseo, la esperanza, el temor, los celos y la desesperación, entre otros. Aunque considera que hay seis pasiones primitivas. Está seguro de que existen más clases de amor que de odio. Algo en lo que estoy de acuerdo. El mal es más simple y menos diverso en su esencia que las formas de afecto en un sentido amplio.
El deseo para Descartes está unido al pensamiento del porvenir y a lo que se considera conveniente. Por supuesto, que para Descartes no hay duda de que existen diversos tipos de deseos, en relación con el fin o propósito buscado o pretendido.
Escribiendo del gozo  indica Descartes que «el pulso es regular y más fuerte que de costumbre, pero ni tan fuerte ni tan grande como en el amor». De todas maneras, incluso contando con la fuerza de las pasiones se puede conservar la tranquilidad de la mente o del alma. Ya que proviene de una conducta virtuosa e irreprochable que ha seguido los preceptos de su moral provisional que se fundamentan en el buen sentido o en la razón y la prudencia.
Las reglas o máximas de la moral cartesiana son muy claras. La primera es obedecer a las leyes del país en que se viva y sus costumbres. La segunda es ser lo más firme y resuelto que se pueda una vez tomada una decisión.  Y la tercera afirma la necesidad de vencerse a sí mismo más que al mundo. En definitiva, es una moral de carácter estoico y que se basa en la moderación y en la resistencia ante los avatares de la vida. También es una ética positiva que se funda en la razón y en el buen juicio en relación con la realidad en la que estamos inmersos.
Ciertamente, el término medio de la ética aristotélica concuerda con lo planteado por Descartes si se piensa en la mesura y en el equilibrio necesario, de modo general, en las conductas humanas.
Las pasiones son necesarias y no son algo opuesto a la razón. Lo mejor es que seamos apasionados y a la vez sepamos dirigir las conductas siguiendo la razón también. Ya que el control de los sentimientos facilita una existencia más agradable y tranquila, algo deseado también por Descartes en su propia vida como filósofo.