jueves, 5 de agosto de 2021

ESTADO SOCIAL



Ya en los siglos XVIII y XIX se consideraba que era necesario un estado social y de derecho. No en vano la Revolución francesa cambió la situación política y causó una gran repercusión en el mundo occidental.

Fichte en su libro El Estado comercial cerrado del año 1800 publicado en Alemania afirma la necesidad de un gobierno y una política racionales para que se pueda lograr el bienestar de todos los ciudadanos. Detalla en su libro lo que debe ser un Estado ideal. Parte de las condiciones de la Europa de su tiempo y también está a favor de un cierto cosmopolitismo. Estos planteamientos pueden ser pensados desde su idealismo ético. Indudablemente, este gran filósofo alemán que murió en 1814 a los 51 años de edad, propone la introducción de la razón en la historia y en las decisiones políticas. La idea de libertad es también esencial no solo para cada ser humano sino también para la convivencia social de los ciudadanos de cualquier país. Para Fichte el ser humano se define por su actividad y no tanto por el ser, ya que la acción es lo que cambia la realidad, en todos los sentidos pensables.

Este pensador idealista se solidariza con los oprimidos y reafirma los ideales de  libertad, igualdad y fraternidad. En definitiva, sus valores democráticos le impiden aceptar la injusticia y la pobreza. Quiere realizar una revolución pacífica, como también señala Jaime Franco Barrio. Fichte criticaba el absolutismo monárquico de su época.

Como escribe Fichte «El objetivo de toda la actividad humana es el de poder vivir: y a esta posibilidad de vivir tienen el mismo derecho todos aquellos  a los que la naturaleza trajo  a la vida». Lo que se deduce de esto y así lo afirma el mismo pensador alemán es que todos los individuos tienen que disponer de los medios suficientes para subsistir. En los tiempos actuales, con el extraordinario desarrollo de la ciencia y la tecnología, esto es realmente posible con una adecuada y racional política redistributiva. En tiempos de Fichte podría ser más difícil aunque alcanzable.

Es posible, por tanto, un Estado racional  que garantice la equidad pública. En consecuencia, las leyes o el ordenamiento jurídico de los Estados deben  fundamentarse en el respeto a los derechos de todos. Y se comprende perfectamente que Fichte diga lo siguiente: «No se ha tenido en cuenta el deber fundamental del Estado: ante todo poner a cada uno en la posesión de lo que le corresponde».

Es parecido a lo que escribió en sus obras Jovellanos, que fue coetáneo de Fichte.Los principios de la Ilustración son compartidos por ambos pensadores europeos. El filósofo germano también  critica la anarquía del comercio y pretende que se establezca una mejor regulación del mismo. En este sentido, se puede decir que Jovellanos está en una línea de pensamiento similar. La anarquía política es otro obstáculo para el logro de un Estado racional.

La filosofía ética y política fichteana nos sirve para pensar que la política de los gobiernos estatales tiene que dirigirse prioritariamente al bienestar general, porque es la tarea principal. Si esto no se hace suficientemente, lo demás no mejora y se refuerza o mantiene la desigualdad, la marginación, la exclusión y la pobreza.

El que una buena parte de los Gobiernos no se centren de verdad y con todos sus medios en resolver la enorme injusticia social existente significa que no están haciendo bien su labor política.  Así de claro y rotundo. Si a esto se añade el problema de la corrupción económica y política sobran los comentarios o mayores explicaciones.

En relación con el trabajo escribe Fichte «Dicho brevemente: el objetivo de todo trabajo, además de satisfacer nuestras necesidades vitales, es el de permitirnos vivir algún día a nosotros mismos y a nuestros seres queridos de la renta del mismo». Es un enfoque social que concuerda con los principios de los Derechos Humanos actuales y con la idea de un Estado del Bienestar.

El Gobierno de cada Estado debe tener en cuenta que gobierna para todos los ciudadanos y tiene que promover con sus leyes y decretos que se garantice la justicia tanto en el ámbito laboral como en los restantes campos de su actuación. 

Los impuestos son decisivos para la justicia social. El pago de los mismos está en directa relación con las rentas de los ciudadanos. Al ser progresivos nadie se verá perjudicado de forma objetiva por los impuestos.

El derecho al ingreso mínimo vital junto con un derecho a cobrar el paro mientras no se encuentre trabajo deberían ser las medidas estrella para acabar con la exclusión social y la pobreza, junto con otro conjunto de medidas de protección social y económica.

ARTÍCULO 1.111

jueves, 29 de julio de 2021

HUSSERL Y LA ÉTICA


 


La labor filosófica de Husserl fue prodigiosa. Fue un gran pensador y  un brillante profesor universitario. Escribió más de 45.000 páginas y publicó grandes libros a lo largo de su trayectoria intelectual. Nació en 1859 y falleció en 1938.

El anhelo de infinitud es algo que este filósofo indica en sus obras como lo propio de la actitud humana. Es algo de lo que carecen los animales irracionales. En el ámbito de la ética está claro para el creador de la fenomenología que existen valores hedónicos o sensibles y los que se pueden  denominar espirituales o del amor. 

Como escribe  Husserl «Todo hombre se encuentra en un mundo de valores abierto al infinito».  Frente a lo ya conseguido es preciso, si se quiere avanzar moralmente, poner en práctica el imperativo categórico kantiano y crecer en todos los aspectos de la vida propiamente humana. A su juicio, los comportamientos de las personas deben ser orientados y dirigidos según el mejor saber  y la mejor conciencia. 

Por supuesto, Husserl es plenamente consciente de las limitaciones azarosas de la existencia que afectan a todos, en mayor o menor medida. Debe aspirarse a lo bueno considerando que la finitud y las circunstancias condicionan, hasta cierto punto, a los seres humanos.  Pero la voluntad, la autodisciplina y la constancia y tenacidad pueden con todo.

La unidad en la acción del yo es esencial para Husserl. No debe olvidarse que las intenciones conscientes de los individuos y sus  vivencias a lo largo del tiempo son el contenido sobre el que actúa la libertad del yo.

Porque la persona es un sujeto libre  y digno. Por eso escribe Husserl que «También soy, y a priori, el mismo yo, en tanto que en mis tomas de posición soy necesariamente  consecuente en un sentido determinado». Lo empírico o lo material no determina las decisiones voluntarias de los sujetos, según Husserl. Es la expresión del inmenso valor de la libertad en la vida humana. El esfuerzo es la palanca esencial que permite conseguir los objetivos y  fines de cada ser humano y son los que orientan las acciones, con intenciones específicas que darán resultados concretos.

La autonomía es lo esencial en el ámbito de la ética o la moral. Se comprende que, desde la fenomenología que es entendida como una especie de idealismo, se reafirme el valor de la racionalidad y de la argumentación o de la lógica.

Lo que no significa que no se valore la espontaneidad y la intuición, desde un planteamiento propio de la filosofía del conocimiento. Las reflexiones de cada sujeto son determinantes en la toma de decisiones, ya que están en relación con un proyecto vital y unos sentidos determinados y definidos por el propio individuo pensante. Por tanto, se aprehende una inequívoca actitud racionalista en Husserl ya que dice «La autonomía de la razón, la libertad del sujeto personal consiste, por ende, en que yo no cedo pasivamente a las influencias ajenas, sino que me decido a partir de mí   mismo».

La ética de Husserl es una manifestación de lo esencial que es el uso de la razón y del juicio desde una perspectiva personal que busca la autorrealización personal y el perfeccionamiento humano. Lo que supone también que la voluntad para afrontar los problemas es un valor importante por sí mismo en el transcurrir de la vida.

Para Husserl no debemos renunciar a buscar lo que queremos en la existencia y a perseverar en ello. Podemos ser lo que deseamos a pesar de los contratiempos y de las dificultades. Y las presiones de  la sociedad nunca pueden lograr que cada persona no haga lo que quiera en su propia experiencia vital.

Es la afirmación de un cierto vitalismo racional, aunque parezca contradictorio. Lo que es irracional, desde la perspectiva husserliana, es ser arrastrado por las influencias sociales en sentidos que no son los auténticamente deseados por las personas. Es la negación del relativismo y del escepticismo radical que existen en la actualidad.

El mandato ético abarca todas las actividades humanas. Y es entendible ya que la legislación existente en el mundo se fundamenta, de modo general, en principios éticos que aseguran la libertad de todos.  La realidad del mundo y la humana son mejorables o perfeccionables  desde el enfoque de Husserl. En este sentido es claramente optimista. Es posible y realizable la humanización de la vida. Y se puede decir que en la sociedad digital en la que vivimos esta es la tarea pendiente más importante en todos los sentidos pensables.

ARTÍCULO 1.110